jueves, 15 de noviembre de 2007

LA SIESTA DE CHILE II PARTE

LOS TLC
Existe consenso en el medio chileno que los avances en términos de apertura comercial han jugado un papel fundamental empujando el crecimiento económico. La política sistemática en ese sentido implementada durante los últimos cuatro gobiernos democráticos convirtió a la economía del país en una de las más abiertas del mundo. En este proceso, la firma del TLC con Estados Unidos en 2004 es el mayor hito. Pero lo que fue una ventaja competitiva hace tres años hoy más parece sólo una obligación. Además del acuerdo que México poseía –derivado del Nafta, firmado en 1994–, el Congreso estadounidense aprobó el acuerdo con los países centroamericanos (CAFTA-DR) y éste ya fue ratificado en los distintos países que conforman en bloque(República Dominicana, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica). Además, la administración Bush consiguió reunir el apoyo parlamentario para un acuerdo similar con Perú y envió el texto del acuerdo el pasado 27 de septiembre, que debería ser aprobado en las próximas semanas. Y en el caso de Colombia, aunque es claro que los demócratas no ven con buenos ojos su aprobación, en las últimas semanas ha habido señales que apuntan a que también podría destrabarse. “Hoy es muy difícil defender las ventajas comparativas de un país. Todos hacen lo mismo, aprendiendo de la experiencia de otros, y comienzan a ganar velocidad. Los países tienen que pedalear cada vez más fuerte para mantener el liderazgo”, dice Cristián Larroulet, director ejecutivo de Libertad y Desarrollo, un conocido think tank chileno de oposición.Las áreas donde se esperaban más avances son paradójicamente donde se ha visto más inacción, como la implementación de reformas tendientes a facilitar la creación de nuevos negocios y el emprendimiento.Y con el apoyo al gobierno de Michelle Bachelet en su peor momento –en torno al 35% a nivel nacional y 27% en Santiago– nada parece indicar que el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, tenga demasiado margen para diseñar y empujar fórmulas innovadoras.

Las consecuencias de este inmovilismo están a la vista: en la última versión del informe Doing Business, que todos los años elabora el Banco Mundial, Chile se ubicó en el lugar 33. A pesar de que sigue siendo la economía que lidera la región, su ventaja respecto de los vecinos se ha desvanecido persistentemente. En la versión 2006, Chile –en el puesto 24– aventajaba a México por 38 lugares.En la versión 2008 esa distancia se redujo a sólo 11 posiciones. En el mismo período, Colombia –que fue considerado el país más reformador de la región por sus avances en facilitación del comercio internacional, protección a los inversionistas y mejoras en la recaudación de impuestos– avanzó 77 puestos y Perú avanzó 76 lugares. “Chile tiene una ventaja por las reformas de períodos anteriores”, dice Sylvia Solf, coautora del informe. “Pero no hemos visto nada nuevo en los últimos dos o tres años”. Así, la caída chilena no debe ser interpretada como consecuencia de nuevas trabas o reformas negativas que se hayan introducido, sino sólo a la ausencia de nuevos avances en un período en que muchos países del mundo, no sólo latinoamericanos, han aprovechado el buen momento para avanzar en la liberalización y sofisticación de su entorno de negocios. “El desafío para los países es siempre seguir mejorando, especialmente para aquellos que ya lo han hecho bien”, dice Solf. “Ése es el desafío para Chile”.Junto con esto, las tareas pendientes en reformas laborales siguen pesando fuerte en la evaluación de la economía chilena versus otros países latinoamericanos. En Chile, el costo estimado para despedir a un trabajador es el equivalente a 52 semanas de su sueldo, una barrera más alta de la presente en países como Uruguay o Costa Rica. A pesar de ello, los últimos conflictos laborales que han afectado a la minería estatal y privada y a otras áreas de la economía han acentuado los temores de los empresarios locales e inversionistas internacionales de que las normas podrían hacerse aún más rígidas. De hecho, fueron estos conflictos –de acuerdo a la opinión de una serie de analistas de riesgo– los que explican que en septiembre pasado por primera vez Chile dejara de ser el país con mejor riesgo país de la región –en la medición de JP Morgan– y fuera superado por México.
“Seguimos viendo inflexibilidad laboral y eso preocupa”, dice Coutiño, de Moody’s.¿Perdió Chile el liderazgo regional? “Aún no”, es la respuesta que se escucha de los economistas de bancos de inversión internacionales.
Una conclusión que por lo general va acompañada de la opinión de que el país dejó pasar una oportunidad inmejorable para crecer con fuerza y profundizar las reformas, dada por el dinamismo de la economía mundial de los últimos años. Una oportunidad que parece perdida para siempre considerando que ya nadie discute que en 2008 el crecimiento de Estados Unidos y Asia se ralentizará. “Chile brilla cuando la situación externa es en general adversa. En los buenos momentos, son otros países los capaces de crecer con más fuerza”, dice Alberto Ramos, economista sénior para América Latina de Goldman Sachs. “Pero en un entorno adverso, Chile funciona como una especie de seguro para los inversionistas”. Mientras eso no pase, Chile no muestra intención de querer interrumpir su siesta.
Articulo de Iván Soto. Santiago de Chile.

No hay comentarios: